24 Ago JUAN MANUEL RENJIFO
Juan Manuel Renjifo es biólogo y dueño de la hacienda San Miguel en el municipio de Funza – Cundinamarca, a su casa llegamos por simple casualidad en el marco del proyecto del inventario de bienes inmuebles de patrimonio cultural del municipio. Al preguntar por él, nos anunciaron que ya nos recibirá, al instante salió un hombre barbudo con mirada seria y lentes gruesos, lo saludamos y le dijimos porque estábamos visitando en su casa.Al preguntarle puntualmente por su hacienda, nos contestó amablemente, con fechas históricas a quien ha pertenecido la hacienda desde el virreinato de la Nueva Granada, nos dio detalles de cada una de las preguntas técnicas que le hizo nuestro historiador Oscar Melo. Después de un buen rato y al calor de un café, nos invitó a pasar a su estudio, que no es ni más ni menos que, su trabajo de toda la vida.
Primero nos habló de su gran pasión que es la pesca deportiva, nos enseño el “kit” del pescador deportivo que tiene, pero lo que más nos llamó atención fue su talento para hacer carnadas artificiales para los peces persigue en su hobbie. Nos mostró cómo se hace un insecto, un gusano, y moscas artificiales, todo esto con materiales muy finos, de colores que engañan a los peces en el agua y que son atrapados por su anzuelo y caña.
Después de un rato empezamos a notar la gran variedad de fotografías y reconocimiento que tenía en su estudio y nos habló de su verdadera vocación de investigador y fotógrafo, nos enseño un archivo guardado en cajones de metal, que resguardan aproximadamente 46.000 filminas de todas las variedades de ranas y serpientes que encontró durante 30 años en su recorrido por todo el pacífico y la amazonia colombiana.
El milagro de las ranas El silencio es tal vez el sonido más fuerte que podemos escuchar. Si las ranas dejaran de cantar, el hombre sabrá que ha perdido a uno de sus hermanos . Este texto es el abrebocas para Ranas y sapos de Colombia, un libro para convencerse de que estos animalitos son príncipes, que son más hermosos que los peces del acuario de una casa cualquiera y que el cóndor no es el único animal para mostrarle al mundo: Colombia es el país con mayor biodiversidad en el mundo, tiene más de 600 especies de sapos y ranas, algunas únicas e irrepetibles. Un milagro.
Renjifo, con sus 58 años, su pelo y su barba canosa, la candonga en la oreja izquierda, se gana la vida en el Instituto Nacional de Salud trabajando en un suero que pueda contrarrestar el veneno de cualquier serpiente de este país, desde la Guajira hasta el Amazonas. Por eso ha recorrido todo el país en su búsqueda. Los sueros nacen de los venenos. Y nadie vende frasquitos con un líquido para matar a 20 personas o colecciona serpientes de mordida letal . Solo él. En su laboratorio hay más de 60 especies. Sobre su escritorio hay un pequeño acuario en donde vive una Lachesis Muta recién nacida, una de las culebras venenosas de mayor tamaño en el mundo: dicen que hay ejemplares de hasta tres metros. En cada expedición, a la Costa Atlántica, Pacífica, a los Llanos Orientales o al Amazonas y el Putumayo, Renjifo lleva su cámara Nikon al cuello y un equipo de lentes en su maleta de mano. Caza serpientes y está atento a los sonidos de la selva. Cada noche, con un casco con linterna en la cabeza y un par de botas pantaneras, recorre los bordes de las quebradas. En silencio.
Durante 30 años no ha hecho otra cosa. Su archivo personal alcanza un número de casi 60 mil fotografías. Y su oído es el de un depredador: puede reconocer el sonido de una rana pidiendo auxilio, en la boca de un murciélago, o el de un sapo que busca una pareja. Por eso cada vez que avanza con su cámara sabe con qué se va a encontrar: con una rana vaquero con sus bolsas infladas, con una rana diminuta oculta bajo la hoja de un árbol haciendo el ruido de un gigante, con las que silban como ladrones… Una vez llegué a mi casa con un ejemplar bastante raro, nunca lo había oído cantar, lo guardé y le pedí a mi esposa que lo cuidara porque tenía que salir por dos días. Cuando regresé estaba como una fiera. El bichito empezó a silbar y todos creyeron que eran ladrones, los perros por poco se enloquecen, en fin .
Porque fuera de contexto el canto de la rana puede enloquecer. En Barranquilla las ranas Coqui, una especie nativa de Puerto Rico, llegaron por obra y gracia de una canción del grupo Menudo. Este no es el único caso de ranas invasoras: a las ranas Toro las trajeron supuestamente para implementar la ranicultura y empezar un suculento comercio de ancas de rana, pero nadie contó con que podían escapar y esparcirse peligrosamente. Estos animales comen de todo: insectos, ratones y hasta ranas. Su voracidad puede poner en peligro de extinción a varias especies nativas . Y este peligro, sostiene Renjifo, es inútil: en Colombia existe una especie, lo suficientemente grande y apetitosa, para reemplazar a la rana toro: la Leptodactylus pentadactylus.
Nadie cree en las ranas ni en los recursos naturales en Colombia, los recursos para investigar son ridículos en comparación con otros países. Y se está perdiendo mucho: hace un tiempo una comisión de científicos extranjeros se llevó varios ejemplares de cierta especie de rana, al cabo de los meses patentaron una toxina 20 veces más fuerte que la morfina. Ellos se van a hacer ricos. Y Colombia se va a quedar sin recibir un solo dólar. Por negligencia .
Porque Colombia tiene ranas y sapos para todos los gustos, desde la rana de cristal, transparente, única, casi una fantasía, hasta la Phylolobates terriblis, una ranita amarilla de Guaji, Cauca, considerada como el vertebrado más tóxico sobre la tierra: el veneno de un solo animalito puede matar 20 mil ratones. Curiosidades. Ranas del tamaño de una gota de agua y sapos como el Bufo blombergui, considerado como el sapo más grande de América: puede alcanzar tamaños hasta de 300 milímetros. Incluso hay renacuajos de 25 centímetros y media libra de peso que se convierten en una ranita de siete centímetros. Ranas blancas y misteriosas, sapos con cara de camaleón y ranas que sobreviven gracias a sus técnicas de camuflaje o sus colores ardientes que parecen decir cuidado, soy venenosa . Por eso la intención de Renjifo con este libro es concientizar al que lo lea de una riqueza única que está en sus narices. Si una especie desaparece, desaparecen millones de años de evolución. Por ejemplo en unas cuevas de Soacha hay una especie única en el mundo y si en cualquier momento alguien compra ese terreno esa persona se siente en el derecho de construir una urbanización y acabar con algo irrepetible .
El libro presenta una serie de fotos, complementadas con un texto elaborado para ser una voz de alerta frente a la eventualidad de perder esta riqueza si no se adquiere amor y estimación por el medio ambiente, ya que las ranas, las orquídeas, las aves, los ríos y los bosques forman parte del todo que el biólogo-filósofo Garet Hardin advirtió que se podría perder, porque en definitiva no es de nadie, ninguna persona tiene responsabilidad sobre ello, aunque sea disfrutado en común.
Muy amablemente don Juan Manuel Renjifo después de esta extensa conversación, nos invito a una jornada de pesca cuando volviéramos a visitarlo.
